La danza
- xaviersalaart
- 22 dic 2025
- 1 Min. de lectura
Óleo sobre lienzo 1.55x1.50 m.

En esta obra, Xavier Sala Aponte convoca el eco lejano de La danza de Matisse y le deja caer desde lo alto del cielo. Las figuras, antes unidas en un círculo de celebración, aparecen ahora suspendidas en un azul profundo, flotando y bajando como cuerpos asombrados por un viento que ha dispersado la armonía original. Ya no hay manos que se enlacen ni gesto compartido: cada figura traza su caída, el silencio.
Pero es en el suelo donde pasa la revelación. Sobre la superficie gris azulada, las sombras —humildes, fieles, casi secretas— restauran el enlace perdido. Allí donde los cuerpos se disgregan, las sombras se buscan y se encuentran; donde el círculo se rompe, la penumbra lo vuelve a cerrar. La luz, al proyectar sus contornos, revela una verdad más profunda que la apariencia: la unión persiste en lo que no siempre vemos.
Sala Aponte convierte así la escena en un territorio de doble lectura: arriba, la dispersión; abajo, la memoria del enlace. Entre ambos planes se despliega una reflexión silenciosa sobre la condición humana. Porque sólo nos recuerda la obra, no somos nada. La época que habitamos nos impulsa al individualismo, pero la evolución de nuestra especie -toda la larga cadena de supervivencias, hallazgos y continuidades- no habría sido posible sin el apoyo mutuo, sin el tejido invisible de la comunidad.
Esta pintura es, en definitiva, una meditación visual sobre lo que nos une incluso cuando creemos haberlo perdido: un recordatorio de que, incluso en la caída, algo en nosotros sigue recordando la danza.



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